Saber decir NO; o como ser una goma de pollo

Una autoestima sólida no surge de la nada; se trabaja y se consigue con esfuerzo. Y normalmente requiere enfrentarse a fantasmas que nos dan mucho miedo, como poner límites a los demás.

En muchas ocasiones podemos sentirnos sobrepasad@s por situaciones sociales donde alguien abusa de nuestra confianza, de nuestro esfuerzo de nuestra generosidad. En el trabajo nos piden un sobreesfuerzo extra, nuestr@s hij@s se acomodan a que les hagamos aquello que deberían hacer ell@s, nuestras amistades esperan que siempre estemos disponibles…

Está claro que “el dar” a l@s demás, a primera vista, parece algo gratificante, apetecible. Entregarse a las otras personas nos hace sentir generos@s, buenas personas y nos refuerza nuestra autoestima.

No seré yo quien diga que eso es malo; el altruismo nos cohesiona como sociedad. Pero todo en esta vida tiene un equilibrio y pasarse de la raya en este ámbito puede tener el efecto precisamente contrario y mermar nuestra autoestima.

Me explico; una actitud sacrificante hacia los demás puede derivar en varios problemas:

1.       Podemos ser etiquetad@s de personas que siempre están disponibles, pero nunca piden ayuda para no molestar. Bajo esta etiqueta que nosotr@s hemos construido es difícil que la gente acuda si lo necesitamos porque no tendrá en cuenta esta posibilidad. Al final, esta realidad nos hace sentir muy sol@s.

2.       Es muy posible que, en nuestro mundo, esperemos que las demás personas se entreguen tal y como nosotr@s hacemos. Generamos unas expectativas hacia los demás inexactas; que hayamos decidido entregarnos no implica que el resto de sociedad sea así. Y este desengaño continuo nos frustra hasta cuotas desesperantes.

3.       Si decimos siempre SÍ a las demandas de los demás no escuchamos las nuestras propias, por lo que no damos valor a aquello que somos y aquello que necesitamos. Si siempre digo sí a ver la peli que quiere mi pareja, no estoy respetando que en ocasiones también yo merezca ver la que yo quiero. El ir diluyendo mis necesidades conlleva mostrar poco respeto hacia tu mism@: NO TE CONSIDERAS IMPORTANTE.

4.       Esta actitud consigue un efecto muy particular: Algunas personas de nuestro alrededor, está tan acostumbrada a que digamos siempre “sí”, que cuando eventualmente decimos “no” se sorprenden en sobremanera y se enfadan inexplicablemente.

Decir “no” es poner límites a los demás para respetarte. Pero ello requiere mucha fuerza de voluntad, porque está claro que un “no”, como hemos dicho, puede generar rechazo. ¿Estás preparad@ para aceptar que alguien te rechace, se moleste, se distancie por el mero hecho de proteger tu integridad personal y tu autoestima? Es más, ¿una persona que te rechaza por el mero hecho de proteger tu integridad y tu autoestima, tiene espacio en tu vida? ¿Es una persona que vale la pena tener a tu alrededor? Soy de la opinión de que más vale buenos amigos y pocos que muchos y malos; rodearse de intereses y superficialidad no nos va a hacer sentir menos sol@s, todo lo contrario.

Es muy posible que este decir “no” nos haga sentir más egoístas. Y será muy importante redefinir qué significa ser egoísta y que significa amarse y quererse bien a un@ mism@. Pero eso lo reservo para otro artículo (puedes leerlo aquí). En este, nos toca hablar de una gran habilidad que tenemos que aprender para saber decir NO en las ocasiones que sea necesario; aprender a sostener la tensión, tal y como lo hace una goma de pollo. ¿A qué me refiero? Cuando viene Marisa a pedirte que le hagas un cambio de turno, que ella tiene hora a la pelu, pero tú no puedes porque tenías ese espacio ocupado con X motivo, el poder decir “no puedo, lo lamento” sonreír educadamente y sostener la tensión de ese momento donde Marisa, confundida, igual insiste, igual se ofende, igual replica, igual permanece en silencio atónita, mirando… Tenemos que ser como una goma de pollo y sostener la tensión de aquel momento para no caer en el “bueno, vale, ya te lo cambio…” que nos libra de esa angustia pero nos merma nuestro autoestima.

O, cuando después de un largo día de duro trabajo, viene nuestr@ hij@ y nos pide que le preparemos el bocadillo para desayunar mañana porque no tiene tiempo de hacerlo; le esperan sus amig@s para salir hasta muy tarde… Ese momento de decir “lo lamento, pero no…”. Es en ese momento donde se genera una tensión que, como buenas gomas de pollo, tenemos que resistir sin ceder.

Incluso cuando una ami@ siempre te llama a altas horas de la noche, cuando tú ya estas canstad@ o es el momento con tu familia. Hay que ser una goma de pollo bien elástica para soportar la tensión de decir a tu amig@: “Me encanta que cuentes conmigo, pero no puedo hablar contigo ahora. Mañana o pasado te llamo”.

Quizás estos ejemplos son muy mundanos, pero podríamos hablar de derechos laborables y sostener la tensión con tu jef@, de relaciones tóxicas y ser gomas de pollo con nuestra pareja ante tu negativa, abusos de poder y saber decir un “no” en un establecimiento donde te están estafando… Ya sabéis, familia, toca respetarse y, por consiguiente; SER UN POCO MÁS GOMAS DE POLLO. 

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